En el año 2007 me di cuenta de que necesitaba cambiar de profesión. Un día me vi sentado en un despacho de la universidad, rodeado de muebles oscuros y papeles gastados, y supe sin retorno que debía tomar una decisión. Así que dejé atrás el apasionante mundo de la Filología, la lengua y la literatura, para adentrarme en el apasionante mundo de la quiropráctica, la salud, las articulaciones, y el sistema nervioso. El cambio supuso dejar también atrás un piso, una relación de muchos años, una carrera, un futuro profesional en ciernes, un sueldo y la ciudad donde siempre había vivido, Barcelona.
Durante los meses posteriores, viví el vértigo del cambio, una mezcla entre miedo, excitación, y libertad, que me mantuvo en un estado de alerta nuevo: me interesé en conocer gente nueva, me interesé por viajar a lugares distintos, me interesé por estudiar cosas distintas, leer libros diferentes. Hasta me corté el pelo de un modo nuevo para mí. Dado que todo mi futuro estaba en el aire, empecé a preocuparme menos por mi futuro. Dado que estaba haciendo algo que mi pasado, mi historia personal, no podía predecir, dejó de importarme tanto mi pasado. Y fue curioso: cuanto más cambio introducía en mi vida, menos me molestaban los cambios. Y cuanto más cambiaba yo, más cambiaba todo lo que me rodeaba.

Escucha tu cuerpo
Hubo, por supuesto, momentos de gran incertidumbre y confusión, pero cuando estos momentos sucedían me centraba en poner atención a lo único que había descubierto me podía orientar bien, podía gestionar y manejarse a sus anchas cuando se producían cambios: me dediqué a escuchar mi cuerpo. Fueron meses apasionantes en que descubrí muchísimo acerca de mí mismo, de cómo hacía lo que hacía, cómo comía lo que comía, cómo sentía lo que sentía. De cómo respiraba. Cuanto más observaba a mi cuerpo, mejor lo sentía. Cuanto mejor lo sentía, más sencillo era observarlo.
Poco a poco, mi vida ganó otra velocidad. Las conversaciones eran más profundas, las horas resultaban refrescantes, como si los días se posaran sobre mi como un rocío, los olores se multiplicaran, los colores fueran más vivos, el tacto de las cosas se expandiera en la palma de mis manos. ¿Dónde había estado la lluvia todo aquel tiempo? ¿Siempre habían sido así de asombrosa la puesta de sol? Los parques o los portales de las casas me parecían lugares esplendorosos. Empecé a sospechar algo, una idea disparatada, absurda, absolutamente inaceptable: ¿sería que estaba volviendo a la vida?
El gran misterio
Desde entonces han pasado muchas cosas. Pero aquel descubrimiento de mi cuerpo me ha acompañado ya sin fallo, desde los momentos en que parece que nada cambie y me sacudo de esa alucinación volviendo mi atención a mi cuerpo, hasta los momentos en que grandes cambios se encadenan y todo tiembla como un copo de nieve, y vuelvo mi atención al cuerpo para poder surfear esa transformación. De hecho, he volcado mi vida en esa actividad, la actividad de atender a mi cuerpo, de estar presente en mi cuerpo, y he fomentado activamente todo tipo de ocupaciones, desde el yoga a las artes marciales, pasando por el baile, la escritura, o la siesta, para cultivar ese romance con mi cuerpo.
En realidad, mi profesión como quiropráctico consiste, de forma simplificada en eso: ayudar a la gente a volver a conectar con la inmensa inteligencia de su cuerpo. Así que, desocupado lector, en estas horas de encierro, en que puede parecerte que nada sucede, ¡aprovecha! vuelve al cuerpo. En estas horas de malas noticias y problemas e incertidumbres, cuando puedes pensar que todo irá mal, ¡aprovecha! y vuelve al cuerpo. En estos días de cambios y oportunidades y replanteamientos, cuando todo llama para ser mejores y desarrollar nuestras mejores ideas, ¡aprovecha! y vuelve al cuerpo. Toma una. Dos. Tres respiraciones profundas. Siente tus músculos. Tu postura. Los latidos de tu corazón. Y escucha, aquí, ahora. Adéntrate en el gran misterio de haber nacido.
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Comparteixo aquesta interessant reflexió sobre el canvi que en determinats moments de la vida és necessari portar a terme. Cal ser valents, però. No és gens senzill. Però confiant amb la vida veuràs que tot té un sentit profund. Com deien les antigues tradicions espirituals, amb el que s’anomena la tríada perfecta, seguint-la la teva vida farà un gir espectacular, omplint-la de sentit. Aquesta triada diu: 1.confia plenament en la vida, en tot el que et succeeix, doncs tot té un sentit profund. 2.accepta tot el que et passa i 3.no emetis cap judici. Si segueixes en consciència plena aquestes tres afirmacions, i prens la inciativa amb una vida d’acció, fent en tot moment allò que creus que toca fer, sense lamentar-te de la situació on et trobes, veuràs com les coses i fets van prenent sentit, i davant teu és va reproduïnt un món ple d’oportunitats. Cal, però, estar ben despert. I sobretot, tingues en compte que només existeix l’aquí i l’ara. Ni el passat ni el futur no existeixen. Vivint l’aquí i l’ara i confiant plenament amb la vida amb una actitud d’acció, veuràs com tot pren sentit. Tot!
Que reflejada me veo cuando dices “supe sin retorno que debía tomar una decisión”
Ha quedado claro que podemos planear el futuro pero no tenemos ni idea.
Así que a disfrutar del camino.
Un abrazo