De la raíz sánscrita YUG, llamamos Yoga a una de las artes mayores que el ser humano ha sabido concretar para desarrollarse en toda su plenitud.
Practicado durante milenios por pequeños círculos de estudiantes bajo la supervisión de un maestro o maestra, el Yoga se popularizó en el siglo pasado en Occidente de la mano de personalidades como las del swami Vivekananda, Sri Aurobindu, Paramahansa Yogananda, o Yogi Bhajan. Gracias a su labor, el Yoga pasó a ser una práctica regular y ampliamente difundida para miles de personas en todo el mundo.

Sin embargo, la popularización de un saber minoritario y milenario ha producido inevitables alteraciones en la práctica. Por ejemplo, antiguamente los practicantes recibían ejercicios específicos para su persona, su estructura, su configuración orgánica. El maestro o maestra comunicaba esos ejercicios de forma individual para que los cambios en la posición, respiración, sistemas fisiológicos, mentales, y de vigilia que provocaban fueran los que ese alumno concreto en ese momento particular necesitaba exactamente para su crecimiento. No existían cosas tales como «posturas de yoga», las posiciones de gimnasio o ayuntamiento que hoy conocemos así y que, si bien pueden reportar beneficios a sus practicantes, son generales.
En estos días de encierro, muchos me preguntan qué clase de ejercicios o estiramientos pueden hacer en casa. El yoga puede darnos tales beneficios y bondades, pero su propósito no es el de ayudarnos a relajar y estirar la musculatura, aunque como efecto secundario positivo esto suceda muy a menudo.
Su objetivo es darnos velocidad. ¿Velocidad en qué? Velocidad en ir más deprisa y con menos resistencias, menos fricciones, hacia nosotros mismos.
En coordinar nuestros ritmos binarios:
- nuestra exhalación e inhalación
- nuestra sístole y diástole
- nuestras segregaciones y nuestras absorciones
- nuestro sueño y nuestra vigilia
- nuestras aferencias y nuestras eferencias nerviosas
- nuestra quietud y nuestro movimiento
Todos nuestros biorritmos inevitablemente absortos en la dualidad del espacio/tiempo, para alcanzar un nuevo ritmo unificado, mayor, más amplio, más coherente,
y desde luego más pleno.
Por ello, rescato para estos días una pequeña secuencia de posturas que, si bien no cuentan con la precisión y el acierto de los ejercicios individuales que todo estudiante de yoga debería ejecutar, sí conservan un aspecto interesante: son movimientos encadenados.
Son movimientos vivos.
Son actos.
Es posible que en el pasado largas cadenas de movimientos como las que hoy recupero fueran práctica habitual de los estudiantes de yoga.
En cualquier caso, este encadenamiento nos ayuda a trabajar hoy el sentido del Ritmo, que es la clave para poder alcanzar una mayor coherencia.
La serie que he elegido se conoce como Sura Namaskar.
Existen varios buenos videos en la red sobre estos ejercicios.
En este enlace podéis encontrar un video claro y sencillo sobre esta serie:
Para empezar, no recomiendo mantener las posturas más de 30 segundos, ni tampoco repetir la serie más de 3 veces.
Muchas personas, libros, situaciones, o ejercicios, pueden ser la puerta de acceso al Yoga. Ojalá este Sura Namaskar sea una para vosotros y vosotras.
El Yoga y la velocidad de coherencia que podemos ganar con él van a resultar fundamentales en estos momentos de cambios, en estos momentos en que nuestras ciudades, nuestros oficios, nuestras comunidades, y nuestros sistemas de salud están a punto de experimentar una gran transformación.
Momentos en que nos enfrentamos a lo desconocido y nuevo, es decir, a una gran oportunidad de crecimiento personal, financiero, y de bienestar.
Salgamos de todo esto con más claridad, fortaleza y abundancia.
¡Bienvenid@s al cambio!
Carlos Quesada, quiropráctico
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